Había olvidado
lo terrible que es estar sola, renunciar no es perder.
- ¿Qué haces para conciliar el sueño?
- Espero
- ¿Esperas?
- Sí, a que pasen las horas y con ellas los minutos, los segundos, las milésimas, las millonésimas. Voy contando todo, pero tampoco me preocupo por llevar una secuencia.
- ¿Cómo es eso?
- Empecé a contar no números, sino palabras y con ellas las silabas, luego las letras.
- ¿Con qué propósito?
- ¡Reconstruir la historia! (la nuestra) empecé a armar y desarmar palabras para crear nuevas oraciones, desde el día cero, hasta la última palabra que le dije y la última que él no dijo.
He procurado
no olvidar ningún detalle, no quiero olvidar nada, el timbre de su voz, la
intensidad de su mirada, su sonrisa, sus detalles. A veces desearía regresar en
el tiempo, otras avanzar tan rápido y otras solo deseo que se detenga, que no
pase nada. ¡Lo que daría por dejar de adivinar sus pensamientos! me gusta
imaginar escenarios donde volvemos a encontrarnos… volver a verlo, volver a
recorrer la ciudad a su lado, encontrarme en su mirada, descubrirme en ella,
conectarme con su voz, que la lluvia nos moje, que el tiempo se detenga en el
preciso instante.
- ¿Qué ganarías si el tiempo se detuviera?
- Paz. Solo él conseguía calmar mis demonios.
- ¿Qué clase de persona podría conseguir calmar demonios?
- Un mejor amigo.
- ¿No se supone que los mejores amigos no se separan nunca?
- No, se supone que nunca se separen, se supone que siempre encuentren la forma de volver a estar juntos.
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No encontré
mejor forma de intentar reencontrarme, volveré a escribir para tejer mis partes
inconclusas, para que cuando volvamos a encontrarnos veas en mí a la persona
que viste años atrás y entonces, solo entonces volveremos a ser los
mismos.
Mientras tanto
feliz cumpleaños Baby, hoy más que siempre te quiero, más que nunca te extraño,
más que a nadie, que a cualquiera.

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letras con voz propia